Pastoral Vocacional

FUNDAMENTACIÓN

Ya en el Antiguo Testamento los profetas eran conscientes de estar llamados a dar testimonio con su vida de lo que anunciaban, dispuestos a afrontar incluso la incomprensión, el rechazo, la persecución. La misión que Dios les había confiado los implicaba completamente, como un incontenible “fuego ardiente” en el corazón (cf. Jr 20, 9), y por eso estaban dispuestos a entregar al Señor no solamente la voz, sino toda su existencia. En la plenitud de los tiempos, será Jesús, el enviado del Padre (cf. Jn 5, 36), el que con su misión dará testimonio del amor de Dios hacia todos los hombres, sin distinción, con especial atención a los últimos, a los pecadores, a los marginados, a los pobres. Él es el Testigo por excelencia de Dios y de su deseo de que todos se salven. En la aurora de los tiempos nuevos, Juan Bautista, con una vida enteramente entregada a preparar el camino a Cristo, da testimonio de que en el Hijo de María de Nazaret se cumplen las promesas de Dios. Cuando lo ve acercarse al río Jordán, donde estaba bautizando, lo muestra a sus discípulos como “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn 1, 29). Su testimonio es tan fecundo, que dos de sus discípulos “oyéndole decir esto, siguieron a Jesús” (Jn 1, 37). (Mensaje del Papa Benedicto XVI para la XLVII Jornada mundial de oración por las vocaciones).

En tal sentido, descubrimos que el llamado de Dios al ministerio sacerdotal o al seguimiento radical de su evangelio es un llamado para todos los cristianos, pero de manera especial para aquellos que sienten más insistentemente esa voz que los llama para un seguimiento radical. Nuestro Equipo de fe y pastoral quiere aunarse al despertar de ese llamado, y por eso ha organizado algunas jornadas para descubrir la calidad del llamado y abrir la oferta a quienes estén dispuestos a oírlo.