Pastoral con el Personal de la Institución

FUNDAMENTACIÓN

En primer lugar, los docentes son parte integrante de la Pastoral Orgánica de la Iglesia y de la Pastoral Educativa en cualquiera de los niveles de la educación en que se encuentren, así mismo, como parte integral de la comunidad eclesial, deben revelarse por el bautismo cada vez más como instrumentos para conducir al encuentro con Jesucristo vivo.

 

En segundo lugar, a la luz de Aparecida, el seguimiento de Jesucristo para todo educador, implica aprender y practicar las Bienaventuranzas del Reino, el estilo de vida del mismo Jesucristo: Su amor y obediencia filial al Padre, su compasión entrañable ante el dolor humano, su cercanía a los pobres y a los pequeños, su fidelidad a la misión encomendada, su amor servicial hasta el don de la vida. (Aparecida Nº 138). En ese contexto, es necesario que los docentes católicos se renueven y asuman la nueva forma de ser docentes misioneros mediante su vinculación y participación activa en la Pastoral de los Docentes. Así mismo, pueden contribuir al rescate de la identidad católica en los centros educativos. Para esto, deben tener en cuenta, los siguientes aspectos:
· La pastoral educativa debe ser participativa, dinámica y centrada en un proyecto de ser humano en el que Jesucristo es capaz de vivir en comunidad.

  • La formación integral fascine por la Persona de Jesús.
  • La excelencia académica, esté enfocada en el proyecto de Dios sobre la ciencia, superando la tentación de un saber incapaz de dar sentido a la vida.
  • Impulse a la formación de discípulos y misioneros de Jesucristo, frente al derecho que les corresponde de una educación de calidad.
  • Un servicio pastoral comprometido especialmente con los jóvenes, la familia, la catequesis y promoción humana de los más pobres.
  • Un abandonar de las estructuras que no favorezcan la transmisión de la fe, esto se logra a través de una actitud de permanente conversión pastoral que despierte la capacidad de someterlo todo al servicio de la instau

ración del reino de la vida plena y abundante. (Aparecida No. 331-338 No. 365-366).